12.15.2010
12.14.2010
Mario Vargas Llosa, Retorno del Fujimorismo seria una catástrofe.
El Premio Nobel a su arribo a Lima aseguró que si se da el caso hará todo lo posible para evitar que la hija de Fujimori llegue al poder.
"Si la hija del dictador, que está condenado a la cárcel por criminal y por ladrón, tiene la posibilidad de ser presidenta del Perú, voy a ser uno de los peruanos que va a intentar impedirlo por todos los medios legales posibles. Creo que eso (un gobierno de Keiko Fujimori) sería una verdadera catástrofe para el Perú", señaló en rueda de prensa en el Grupo Aéreo N°8.
"Si la hija del dictador, que está condenado a la cárcel por criminal y por ladrón, tiene la posibilidad de ser presidenta del Perú, voy a ser uno de los peruanos que va a intentar impedirlo por todos los medios legales posibles. Creo que eso (un gobierno de Keiko Fujimori) sería una verdadera catástrofe para el Perú", señaló en rueda de prensa en el Grupo Aéreo N°8.
12.09.2010
A quien le importa?
Fotografía de Martín León g.
A nadie le importa, en Barranco viven un montón de escritores, periodistas, artistas….pero a la mayoría de ellos les importa un pepino la ciudad en que viven….viven en Barranco solo para decir “ oh tengo un taller en Barranco”.
La sociedad barranquina simplemente me enferma, es rancia, dividida, presumida y acavariada, muy venida a menos, y es la que ha permitido esto que hoy nos pasa, el parque municipal de Barranco que es mucho más bella que la Plaza botero en Medellín, luce abandonada y ocupada llena de grafitis.
Y me entristece porque como dije al principio a nadie le importa, nadie es responsable de nada, se ocupa la vía publica y el comisario no dice nada, probablemente ya tenga resuelta su navidad con la coima que podría haber recibido de la gente de la feria de “EL Trigal” o del mismo Mezarina, y los partidos políticos que ensuciaron la ciudad en las elecciones pasadas, no dicen nada ..el PPC, APRA, AP, SP, FS....son solo muertos vivientes que se despiertan en temporada de elecciones.
Los matones manejan barranco, el Alcalde se va lucrando hasta el último día con lo que puede, hoy los regidores aprobaron que el Sport Point lugar en la playa que fue concesionado como lugar de deporte se convierta al parecer en lugar para discotecas.
Hace unos días una amiga me dijo que era un tránsfuga por pensar en irme de esta ciudad, Barranco hoy simplemente deprime, deprime ver solo a unos pocos preocupados por el sitio en que viven, deprime ver el paseo Chabuca Granda ocupado, deprime ver la Ermita llena de toldos.
Esta ciudad necesita un Clint Eastwood como en “Gran Torino”, alguien que ponga orden y cual vaquero urbano, pues tome su arma y espante a estos matones, alguien que busque a los más jóvenes a mejorar su calle, arreglar el césped de su vecino.
Pero la realidad es otra, en esta ciudad ya no hay héroes, y ya no es una ciudad para seres humanos, Barranco sirve solo para emborrachase, fumarse un troncho, grifo, paco o como le llamen en tu país, divertirte un rato, pues en Barranco divertirte es barato y el telo (hotel) te sale barato también si vas con tu hembrita, quince soles y con cable incluido, si no una meretriz al paso te puede atender por allí; puedes orinar donde quieras, y nadie dice nada.
El día sábado 11 de diciembre mi madre cumple un montón de años y me da vergüenza que venga a un lugar donde no se puede ni caminar. Que estoy pensando en mudarme, si lo estoy, la ciudad debe ser un lugar para disfrutar no para soportar, y en Barranco estamos hace mucho tiempo soportando la ciudad.
Si fuéramos 400 vecinos, solo el 1% de los que vivimos aquí, podríamos desmantelar la feria del Trigal(pues el Ministerio de Cultura dice que es Ilegal), pero no lo somos, somos solo unos pocos preocupados por muchos y muchos a los cuales ya no les importa nada.
Entonces Te quedaras viendo esta pantalla, o probablemente pondrás en facebook “me gusta” lo que escribes…sabes que… no me interesa, ¿porque no sales a la calle?, anda a la comisaria!!!, quéjate con el comisario!!!, habla con los funcionarios de la municipalidad!!! Que además trabajan y cobran aguinaldo hasta el último día de este mes, ellos están para servirnos, y no para servirse ellos de nuestra ciudad.
¿Hasta cuando el sinónimo de peruano o latinoamericano va a seguir siendo o el de gallinas o el de pendencieros?
La plata llega sola
Por Jaime Bayly en Diciembre 5, 2010
Este año ha sido una montaña rusa para mí. Lo comencé en Bogotá. Hacía un programa en NTN. Era la campaña presidencial colombiana. Cuando empecé a mostrar simpatías por Mockus, vino al hotel el jefe de la policía secreta y me dijo que sus espías en Caracas habían descubierto que Chávez había ordenado que me matasen y que debía irme de Colombia. El policía, íntimo de Juan Manuel Santos, me mintió y pensó que saldría huyendo. Le dije: No se preocupe, Felipe, tengo una enfermedad terminal, moriré en seis meses, de modo que si Chávez me mata antes, me hará un gran favor. Y me quedé en Bogotá. Cuando los colombianos eligieron a Santos, me mudé a Lima para ser candidato presidencial. Un partido menor, Cambio Radical, me apoyaba. Pero dicho partido respaldó, sin consultarme, la candidatura a la alcaldía de Lima de un asaltante de caminos llamado Alex Kouri, deslealtad que me obligó a romper mi alianza con Cambio Radical.
Fue entonces cuando Enrique Ghersi me animó con entusiasmo a fundar un partido político, ``No Nos Ganan'', y aseguró que podía recoger medio millón de firmas antes de fin de año. Con parejo entusiasmo, me pidió 300 mil dólares para recolectar las firmas. Delicadamente, me excusé y no le di el dinero.
Sin embargo, no renuncié a mi ambición de ser candidato. En efecto, me reuní con la plana mayor de Acción Popular (una reunión en la que el más joven contaba 75 años) y acordamos que sería el candidato. Luego de la reunión, y como alguien me había susurrado que un tal Lescano quería ser candidato del partido, hice llamar al amigo Lescano y le pregunté si él sería candidato, puesto que en ese caso no competiría con él. Lescano me dijo que lo estaba pensando y me llamaría. Por supuesto, no llamó. Por consiguiente, decidí no inscribirme en Acción Popular.
Fue entonces cuando cité en el mismo café a un joven, Gonzalo Aguirre, quien tiene un partido o secta o cofradía o club de amigos inscrito para participar en las elecciones. Le dije a Aguirre que quería ser candidato de ese partido. Aguirre se entusiasmó. Organizó una reunión con la plana mayor de su partido, que me sometió a un interrogatorio de cuatro horas. Días después, Aguirre me dijo que me habían aceptado como candidato. Magnífico, le dije. Luego llegó un lunes y Aguirre quiso verme con incomprensible urgencia. Yo me encontraba enfermo y no podía verlo y le hice saber que no podía atenderlo. Por misteriosas razones, Aguirre me dijo que ya no sería candidato presidencial de su cofradía.
No quedó entonces más remedio que llamar a Lucho Bedoya el viejo, y cuando digo ``el viejo'' lo digo con respeto y admiración, porque Lucho Bedoya se aproxima a cumplir un siglo de vida y sigue creyendo que Lourdes Flores va a ser presidenta del Perú, cuando sería más realista postularla al Club de Corazones Remendados. Algo desconcertado por mi llamada, me citó en su estudio jurídico (una casa que parecía un salón de velatorios o una funeraria). Asistí puntualmente. El doctor Bedoya fue amable. Hablamos dos horas. Por momentos se perdía, divagaba, contaba zarandajas de su infancia o su juventud que no remataba, pero cada siete minutos entraba una señorita y le daba una taza de café y lo revivía con esa dosis de cafeína que lo mantenía lúcido y erecto. Le dije a Bedoya que quería ser candidato del PPC. Bedoya me dijo: Yo ya estoy retirado, hijo, ahora la que manda es Lourdes. Luego me recomendó que me dedicase a recolectar firmas para mi partido.
Por último, invité a cenar a mi casa al presidente Alan García, accidente genético que gobierna al Perú. Cuando García hundió sus oceánicas posaderas en el sofá, sentí un crujido ominoso y temí que el mueble se partiría. Alan me animó a ser candidato. Le dije que no tenía suficiente dinero y mi madre no se manifestaba. Le pregunté cuánto ganaba el presidente del Perú. No parecía saberlo. Algo así como 3 mil dólares al mes, me dijo. Con esa plata no puedo mantener a mi familia por cinco años, le dije. Y no soy un ladrón ni tengo ganas de aprender el oficio, añadí. Alan soltó una risotada y sentenció la frase de la noche: ``No seas tonto, hombre, la plata llega sola''.
Fue esa noche que decidí que no sería candidato presidencial y recordé que hacía veinte años me había propuesto ser un escritor y me prometí que dedicaría lo que me quedase de vida (que no ha de ser mucho) a seguir siendo un escritor.
12.08.2010
“El nacionalismo deriva fácilmente en fascismo”
Para todos los que me conocen no soy un hombre de izquierda, soy de una generacion que no cree en ambas, ni derechas ni izquierda, de todas maneras creo en la pluralidad y esta entrevista nos muestra un lado interesante de esta izquierda algo escondida, la Entrevista es de Patricia Wiesse y Gerardo Saravia
Conversando con Luis Guillermo Lumbreras:
El ex Director del Instituto Nacional de Cultura (INC) es uno de los más importantes arqueólogos latinoamericanos. Su libro Los orígenes de la civilización en el Perú ha sido recomendado entre los 60 que todo peruano culto debiera leer. Ha sido fundador de la primera Facultad de Ciencias Sociales en el Perú: la de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde conoció y llegó a ser amigo de Abimael Guzmán. Fue director del INC durante el Gobierno de Toledo. Marxista convicto y confeso, reconoce culpas generacionales y se adapta a los nuevos tiempos.
El ex Director del Instituto Nacional de Cultura (INC) es uno de los más importantes arqueólogos latinoamericanos. Su libro Los orígenes de la civilización en el Perú ha sido recomendado entre los 60 que todo peruano culto debiera leer. Ha sido fundador de la primera Facultad de Ciencias Sociales en el Perú: la de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde conoció y llegó a ser amigo de Abimael Guzmán. Fue director del INC durante el Gobierno de Toledo. Marxista convicto y confeso, reconoce culpas generacionales y se adapta a los nuevos tiempos.
¿Cuánto ha cambiado tu visión de la sociedad desde que escribiste Los orígenes de la civilización en el Perú?
Lo escribí hace 40 años, en 1970. En ese lapso se produjo la guerra interna y los cambios de los años 90 en el mundo. Nuestra imagen del socialismo ideal se derrumbó. No fue tanto la caída del Muro de Berlín, sino la caída de todo un conjunto de alternativas que nosotros nos proponíamos, los ideales leninistas, los de la revolución que el propio Marx planteó; todo eso se desdibujó por el traslado de la teoría de la dictadura del proletariado a la de la dictadura concreta con el estalinismo conduciendo el proyecto socialista.
Hay quienes dicen que la visión que transmites en ese libro es un poco esquemática. ¿Hay algo que le cambiarías?
Una de las cosas que más me gustó de ese libro fue su condición panfletaria. A mí no me gusta leer cosas complicadas, aunque tengo que hacerlo y sufro mucho. Prefiero lo simple. Alguna poesía de Vallejo, por ejemplo, me resulta difícil. Ese libro fue una gran experiencia: lo escribí en quince días. No tenía con qué regalarle algo a mi hijo de diez años; mi sueldo de profesor universitario con las justas me alcanzaba. Lo terminé antes de la Navidad y se lo regalé. Tuvo mucho éxito incluso conmigo, porque ése es el único de mis libros que he vuelto a releer.
¿Fue el primero de los más de 25 libros?
No, ya Paco Moncloa había publicado mi tesis doctoral, que transformé en texto universitario. Se llama De los pueblos y las culturas en el Antiguo Perú, que también tuvo mucho éxito. Se tradujo al inglés, al japonés. Se convirtió en texto universitario en los Estados Unidos: doce ediciones. Después he escrito libros densos, pesados, informes de trabajos de investigación que yo digo que solo leerán mis amigos.
Volviendo a las “desilusiones socialistas” que se suceden paulatinamente a lo largo de varias décadas: uno de los referentes era la Revolución Cubana. ¿Todavía te emociona el proceso cubano?
Lo ejemplar de la experiencia cubana es la postura de resistencia de un pueblo para conducir un proyecto de vida por encima de todas las dificultades inimaginables. Pero se logró con un proyecto dictatorial, una línea estalinista. Fidel Castro impuso una férrea postura dictatorial para poder conducirlo.
Paralelamente, viviste la etapa de Velasco Alvarado.
Sí. Nosotros en la década de 1960 levantábamos la bandera de la reforma agraria, de la reforma industrial, de la lucha por el petróleo; todo eso era parte de nuestro discurso revolucionario. Y, desde luego, planteábamos la lucha armada. Yo no conozco a gente de izquierda de esa década que no haya pensado que el camino era el cubano, el chino, o el leninista. Y de pronto nos encontramos con una situación inverosímil: ¡Un soldado —por principio, teníamos la imagen del soldado de derecha— que planteaba nuestras mismas reivindicaciones desde el cuartel y desde una mesa de Palacio de Gobierno, una cosa inaudita!
¿Pero estuviste a favor de esas reformas, o mantuviste una posición contraria al régimen?
Yo veía que había muchas reformas, pero no eran profundas. Lo que más valoro de ese proceso es que encontré la posibilidad de hablar con cierta libertad. Antes de Velasco, los libros de Marx había que tenerlos enterrados. En el aeropuerto me detuvieron por llevar el libro La revolución neolítica porque tenía la palabra revolución y unas líneas rojas. Eso se terminó con Velasco. También pude publicar con cierta libertad y decir lo que pensaba. Escribí un libro sobre arqueología social. Por primera vez entré a trabajar para el Estado como director del Museo Nacional. En cambio, antes estuve preso por decir “cosas malas” contra el Estado.
¿Cuándo sucedió eso?
En el 65; me vincularon a las guerrillas del MIR. Y luego por dar un discurso furibundo sobre las contradicciones de clase en el Perú.
¿Te sigues considerando marxista-leninista?
He tratado de ser marxista-leninista, de estudiar bien asumiéndolo como una postura crítica y analítica. Creo que lo he logrado a medias, porque tengo un peso muy fuerte de una ideología positivista de la ciencia. Una de las cosas que yo le agradezco a mi postura marxista es la posición de la autocrítica como método permanente de avance.
¿La corriente de la arqueología social de la que has sido fundador tiene que ver con este análisis marxista?
A mí la arqueología me atrajo porque podía entender por qué estamos como estamos ahora. Todos los peruanos tenemos algo de Chavín, algo de Huari, de los Incas. Hemos heredado un conjunto de mecanismos de apropiación de ese territorio que nos hace ser lo que somos. Y nuestras debilidades están asociadas a nuestra historia. Yo estoy convencido de que el traslado de la experiencia europea al mundo nuestro lo destruyó, porque nos inclina a creer que podemos ser París, Nueva York. No hay cómo, porque nuestras formas de desarrollo son distintas; los estadounidenses o franceses nunca hubieran podido llegar a un Machu Picchu. En el estadio de desarrollo de Chavín, que es un neolítico avanzado, en Francia lo que había eran unas fortificaciones de aldeas humildes. Y eso es importante.
¿Cuándo dejas de creer en la lucha armada como método para llegar al poder?
En plena lucha armada. Cuando descubrí que a Sendero Luminoso lo inventaron. Yo pienso que este horrible fantasma, este concepto, fue construido. Fue la única garantía que tuvo el poder militar para gobernar. Y el poder militar ha gobernado desde Belaunde hasta que entró Paniagua. El mecanismo fue simple: había zonas de emergencia donde gobernaban los gobiernos cívico-militares. Los cívicos dependían de los militares. Ese proceso estaba garantizado mientras existía terrorismo probable. Digo que se construyó porque yo veía a los senderistas caminando por las calles: los pudieron capturar fácilmente, no era algo tan clandestino. Eso me llamaba mucho la atención.
Tú conociste en la universidad a Abimael Guzmán. Cuando María del Pilar Tello te entrevistó para su libro Sobre el volcán, dices que lo apreciabas. ¿Te hubiera gustado visitarlo en la cárcel?
Más bien Abimael negó que fuera mi amigo; dijo que él no tenía amigos sino camaradas. Sí me hubiera gustado visitarlo para conversar con él sobre lo que estaba pasando. Yo en eso siempre fui leninista: creo que el terrorismo no es un arma revolucionaria. Se usa el terror para diezmar a la gente. Hubiera querido conversar con él sobre el rumbo que tomaban las cosas. Yo atribuía las acciones a la estructura de Sendero, que era de jefaturas autónomas. Entonces el jefe de un comando desarrollaba acciones sin necesidad de consultar a partir de una línea genérica. Eso permite fáciles errores. Yo lo atribuía a eso.
Por ejemplo Lucanamarca: ¿Pensaste que la orden la había dado la dirección regional y que Abimael no sabía?
Yo pienso que ahí hubo intervención de los mandos y que la acción concreta la condujeron los que estaban en el campo. Es muy difícil; en esa época ni había celulares. Ahí debe haber habido desbordes hasta personales. ¿Qué cruza por la mente de gente que está abandonada y frente a la guerra?
Hablar bien de Guzmán en ese momento fue un escándalo. Te acusaron de prosenderista. ¿Por el lado de Sendero también hubo presión? ¿Hubo cierta discriminación por el lado de algunos intelectuales?
Hubo de todo. Pero yo tenía una idea más romántica de la revolución, me identificaba con los focos guerrilleros, una guerrilla a lo Che Guevara. Por el lado de los intelectuales, yo siempre asumí una posición académica muy seria, y no se metían conmigo. La marginación se daba porque no podía asumir cargos en la universidad. Yo era muy amigo de Tito Flores, de Manuel Burga, de Nelson Manrique, y ellos nunca me discriminaron.
Hubo intelectuales como Alfredo Torero, como Pablo Macera, que estuvieron cerca de SL. ¿Qué pasó con Macera? Él llegó a declarar que solo había dos opciones: estar con los militares o con SL.
Pablo era una persona muy contestataria. Yo siempre tenía confrontaciones amistosas con él. Pero de pronto optó por algo que nadie de nosotros imaginó: meterse en un gobierno que ya estaba deteriorado. Yo lo vi hasta bailando. Es una lástima. Creo que fue la inseguridad económica, para resolver lo económico.
¿Estás de acuerdo con la visión de la Comisión de la Verdad?
La parte que yo leí del Informe me conmovió mucho, las declaraciones de la gente. Creo que en la CVR hubo de todo, y no todas las personas estaban metidas en las vísceras de la gente del campo. El hecho de que la abogada Alva Hart se pusiera a llorar no me llama la atención para nada: para ella era algo parecido a lo que veía en TV. Otros eran anti, como Morote, una persona bastante alejada de los campesinos. El papel de Lerner fue bien importante, el de Carlos Iván Degregori fue destacado; ambos sirvieron para equilibrar y dar una versión sensata. Ese documento lo veo en perspectiva, nos va a permitir entender lo que pasó, casi como lo que nos dejó Arguedas en sus novelas o Scorza en Redoble por Rancas. Debe ser leído, evaluado y consumido de acá a diez años. Nos va a servir muchísimo para entender lo que ocurre en el país.
¿No crees que hubo condescendencia con los militares?
Creo que hubo mucha. Fue la parte de moderación que permitió que no se enterrase. Si hubiera sido más directo, no salía. El hecho de que fuera un cristiano como Salomón Lerner, que lo presentó de manera tan elegante, en un discurso que a mí me gustó mucho. Si no hubiera sido así, habrían enterrado el libro. Ahora están distorsionando el tema del Lugar de la Memoria. Ellos están en el poder y van a hacer todo para defenderse.
¿Cuál es tu visión del Gobierno de Toledo?
Dentro de las perspectivas de los gobiernos latinoamericanos, fue exitoso. Fujimori dejó una debacle, vendió todas las empresas públicas. Era un Estado vacío y corrupto. Fue positiva la presencia de Toledo, el punto de partida para el desarrollo económico que está dentro del sistema, liberal. En eso se avanzó muchísimo.
¿Te sentiste cómodo participando en un Gobierno de centro-derecha?
Una de las cosas importantes que hubo en mi relación con el presidente Toledo y Elianne Karp fue que ellos me dejaron hacer lo que yo consideraba y mis opciones no tenía que consultarlas con ellos; pude hacer lo que creía que tenía que hacer en la institución. Yo no estuve en el Gobierno, porque no opté por una postura política. Es más: yo me hubiera negado a hacerlo. En ningún momento Toledo y su gente me dijeron para militar en su partido. Ellos conocían mi posición marxista, mi opción socialista, y en ningún momento me cuestionaron.
¿Pero si hubiera habido un Ministerio de Cultura, hubieras sido el ministro?
Es posible.
¿Cómo se inició la relación con ellos?
Fue totalmente casual. Yo hice una presentación de la cultura Huari en el Museo de Antropología y ésta le interesó a la doctora Karp, que fue. Le agradecí, conversamos largamente, nos hicimos amigos, coincidimos en muchas cosas. Tenía una postura que me parecía muy próxima a la socialista. Me invitaron a una reunión con Toledo en la que se discutía cómo sería la presentación de asunción del mando en Machu Picchu. Mi opinión fue radical: le dije que lo iban a presentar de una manera folclórica. Toledo estuvo de acuerdo y dijo que de inmediato se acababa todo ese circo. Y así fue. Después se gestó lo del reclamo a Yale.
Debiste seguir aconsejándolo.
(Ríe.)
Nuevos vientos
¿Qué opinas de la que ahora se llama la izquierda moderna?Izquierda es un nombre muy generoso, amplio. Yo en este momento no encuentro izquierdas.
¿Votaste por Susana? Sí. No porque [ella] sea de izquierda; en todo caso, es una izquierda bastante moderada. Creo que la gente que la acompaña viene de diferentes lados. Mi expectativa es que en este gobierno local no haya una opción autoritaria como la que existe y que García se ha encargado de generar.
¿En una segunda vuelta Toledo-Keiko, por quién votarías? Toledo, por supuesto. Frente a Keiko por cualquiera.
¿Entre los cuatro o cinco principales candidatos en la primera vuelta? Yo les temo mucho a los segundos gobiernos, pero a Toledo es al que le veo posibilidades de avanzar, porque conoce un poco más lo que ocurre en el Perú. De repente entre Toledo y no sé si Castañeda.
¿Y Ollanta? Hay muchos amigos que lo apoyan y me han pedido que participe. El problema es que no soy nacionalista. Ideológicamente, el nacionalismo deriva fácilmente en fascismo, evade todo compromiso con las clases sociales.
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