5.29.2011

Mis Razones



Buen articulo de Renato Cisneros.
La noche del 5 de junio del 92 nos fuimos a dormir en casa sin recuperarnos de las espeluznantes escenas propaladas por la televisión acerca de lo ocurrido en canal 2. Un camión de la Marina, utilizado como coche bomba, había hecho estallar las instalaciones de ese medio. Tres personas murieron. El hecho se le atribuyó a Sendero Luminoso. Tiempo  después, sin embargo, el dueño del canal, Baruch Ivcher, diría lo siguiente respecto del atentado: “la mano fue de Sendero, pero la planificación fue del SIN”. Tras favorecer al régimen fujimorista por años, el canal 2 había pasado a enfrentarlo con permanentes denuncias sobre los ingresos de Montesinos y el caso de Leonor La Rosa. Aquella bomba, entonces, dentro de la tesis de Ivcher, parecía un duro escarmiento por su cambio de posición.

La madrugada del 6, mientras dormíamos, un ruido fortísimo estremeció nuestra casa de Monterrico. Todos –mis papás, yo, mis dos hermanos– nos levantamos asustados, perplejos. Recuerdo el miedo que sentimos, la nube de humo, el olor a pólvora quemada que llegaba desde el frontis hasta las habitaciones. Avanzamos por los pasillos en pijama. Solo unos pasos nos separaban de un espectáculo que jamás olvidaré: un inmenso forado en el jardín, puertas y ventanas rotas, muros derribados, vidrios y barro por todas partes. Nos quedamos mirando los unos a otros, con iguales dosis de asombro y rabia. Alguien acababa de lanzar dinamita en nuestra casa. Pudo morir cualquiera. Afuera, una inscripción aparecía fresca en el cemento: M-R-T-A. Mi padre volteó y nos dijo: “los terroristas no te amedrentan, te matan. Esto es cosa de Montesinos”.  Nunca lo había visto tan desconcertado. 

Días antes, él, en su condición de general en retiro y ex ministro del Interior y de Guerra, había hecho duras declaraciones en distintos medios contra el gobierno de Fujimori, y muy especialmente contra Montesinos y los generales Hermoza Ríos y Pérez Documet, subrayando su responsabilidad en los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos. El SIN reaccionó. De pronto, en mi casa comenzaron a sucederse llamadas telefónicas intimidatorias, de cuya violencia y procacidad puede dar fe mi madre. A nosotros se nos prohibió levantar el auricular. Mi papá, molesto, siguió declarando contra Montesinos. Fue valiente, o quizá irresponsable, no lo sé. En todo caso, estoy seguro de que ese miserable cartucho arrojado de madrugada fue una respuesta directa a sus críticas, un cobarde intento por silenciarlo. Un calco, en menor escala, de lo ocurrido en canal 2 un día antes.

En enero de 1993, 19 generales en retiro, encabezados por mi padre, protestaron por los maltratos que recibieron los militares implicados en el fallido intento de golpe de noviembre del 92. La protesta se materializó en una carta dirigida a Hermoza Ríos. Mi padre entonces fue reprimido mediante un proceso en el fuero privativo de Justicia Militar, por un delito inventado, inédito: «ultraje a la Nación e insulto al superior». 

En enero del 94, cuando el cáncer ya lo carcomía, mi papá solicitó ser atendido en el extranjero, apelando al plan de cobertura médica a que tiene derecho todo general de división con más de 35 años de servicio. Hermoza Ríos no solo le negó esa posibilidad, sino que burocratizó el acceso a las medicinas que le correspondían. Al año siguiente, mi padre, Luis Cisneros Vizquerra, se murió en el segundo piso de Neoplásicas. Los médicos dijeron que falleció de cáncer. Yo creo que lo mató la decepción.

Alberto Fujimori consintió un régimen nefasto en el que cosas como estas ocurrían todo el tiempo. Mucha de la gente que lo rodeó hoy colabora con su hija Keiko. Y así como he oído a varias personas decir que tienen razones personales para votar por ella, pues estas son algunas de mis razones para no respaldarla.

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